LA AUTORIDAD ES SILENCIOSA
El ruido es barato. El silencio es costoso
Hay un punto donde ya no tenemos que demostrarle nada a nadie. No existen momentos de justificación automática. No se cae en provocaciones. No usamos máscaras. Dejamos de buscar disfraces para aparentar. Abandonamos las deudas sociales y morales impuestas y auto impuestas.
Esto es caminar en autoridad.
Soy un apasionado estudioso, entre muchas otras cosas, del lujo. Hace unos años, gracias a mi esposa, descubrí el concepto del “lujo silencioso” que es algo inherente al verdadero lujo. Hay un momento donde una persona o una marca deja de gritar y de buscar validación. En nuestro tiempo de meditación esta mañana lo hablaba con ella, llega un momento donde no pedimos permiso para ser nosotros y ese es un punto de inflexión del cual no se regresa.
Contrasto esto último con el recuerdo de algunos conocidos que tenían la tendencia de hacer alarde de sus supuestas conquistas amorosas, siempre contando lo que le hicieron a tal o cual chica. Esto siempre lo vi como algo extraño, un hombre seguro no debe gritar su hombría. Esto se parece a los que quieren aparentar que son ricos y se visten con ropa de logos ostentosos, las hebillas llamativas o los relojes más grandes. El exceso casi siempre es un grito que intenta tapar un vacío.
Este es el punto: La autoridad es silenciosa.
La autoridad verdadera no nace de la validación externa, nace del silencio y esto lo he dicho en alguna otra publicación hecha aquí en mi blog. Romper el ruido y revelar la esencia es crítico ahora. Los que sobresaldrán no serán los más ruidosos sino los que entendieron que el ruido distrae, engaña, destruye, fragmenta y debilita, los que no le tienen miedo al silencio incomodo de encontrarse con sus propios pensamientos buenos y malos para aprender a filtrar la verdad en medio de tanta mentira. El ruido es barato, el silencio es costoso. La distracción es la normalidad, lo corriente. Ruido en el celular, en la televisión, en las reuniones familiares donde todos tienen una opinión y además desean imponerla.
Alguien que ha leído hasta aquí va a llegar a ese punto donde no tiene que explicarle nada a nadie, donde no tiene que justificar sus decisiones porque son movidas por su identidad, por su verdad, de manera coherente.

