La redefinición de lo "auténtico"
Más allá del ruido digital
La búsqueda de formas que faciliten los resultados es algo natural en el ser humano. Sin embargo, los atajos no sirven de nada cuando se trata de hacer algo que, a largo plazo, sea exitoso, rentable o deje huella.
El contenido corto de las redes sociales juega a engañar el cerebro, intentando hacernos creer —mediante videos breves o publicaciones con “diez pasos para ganar dinero, envíame la palabra PROSPERIDAD y te envío el PDF con el que tu vida cambiará para siempre”— que el éxito puede comprimirse en segundos.
Lo interesante es que la estructura de estas plataformas es efectiva. Está diseñada intencionalmente para fragmentar la atención y reducir el tiempo de concentración. La ciencia lo confirma. La Universidad de California ha estudiado los cambios en el cerebro humano debido al incremento en el uso de pantallas. El hallazgo: en 2004 el tiempo promedio de concentración era de 150 segundos; para 2023 se redujo a tan solo 43 segundos antes de pasar a otra ocupación.
La dopamina está secuestrada por los dispositivos móviles.
El consumo rápido ha atrofiado la capacidad de permanecer conectados a una sola tarea. Algunos lo llaman multitasking, pero la neurociencia confirma que en realidad se trata de fragmentación mental.
Esto explica por qué el número de personas que estudian un tema en profundidad se ha reducido significativamente. El estudio ha sido reemplazado por un short de YouTube o un reel de Instagram. Y ahora existe una presencia monumental de contenido “auténtico” en las redes.
Aquí está el atajo.
Durante algunos años funcionó el marketing de influenciadores: personas que publicaban de manera aparentemente genuina su consumo de un producto o servicio, generando ventas para una marca. Luego surgió la creencia de que los algoritmos favorecen el contenido “auténtico”.
Por eso, el CEO de Instagram, Mosseri, publicó en enero que una de las mayores amenazas de la plataforma es que, al tratarse de contenido corto, es fácilmente replicable por la Inteligencia Artificial. Esta ya no solo produce contenido perfecto, sino contenido que parece auténtico: conserva las imperfecciones de una grabación con celular, la cámara que tiembla, los pequeños errores que nos hacen creer que lo que vemos es genuino.
Las marcas, las personas, la inmensa mayoría distraída y sin profundizar, volcadas a crear contenido fácil, rápido, de resultados inmediatos: sin invertir demasiado, sin contratar a nadie, sin pensar mucho.
Estoy convencido de que el ser humano no puede ser replicado por ningún tipo de Inteligencia Artificial, aunque Elon Musk afirme que estamos atravesando “la singularidad”, ese periodo en el que supuestamente la IA ha superado al ser humano.
No se trata de velocidad.
No se trata de afán.
Se trata de IDENTIDAD Y VERDAD PROPIAS.
Aquí viene mi grito para ti: es hora de detenerse, sacudirse del ruido y cavar a profundidad dentro de nosotros mismos.
Jesús dijo: “El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva”. Dios nos ha dotado de algo único y especial. Ese es el tesoro. Ese es el regalo. Esa marca —esa huella de Dios en cada uno— es lo que nos hace imposibles de copiar, siempre y cuando lo que manifestemos sea nuestra verdad y nuestra identidad. Dones, talentos, habilidades, intereses.
Copiar ha sido parte de la humanidad desde siempre. Hoy es una crisis amplificada por la tecnología, y las copias viajan a una velocidad imparable.
Vale la pena observar el comportamiento de las marcas de lujo que no sacrificaron su ADN por correr detrás de tendencias. No permitieron que el miedo ni las redes sociales contaminaran su misión. Por eso existen marcas como Hermès, que mantienen procesos de manufactura artesanales y cuyos artículos aumentan de valor con el paso de los años. Un bolso de Hermès no es solo un accesorio: es un activo que se aprecia.


Me encantó este post. Y por cierto, creo que se avecina una oleada de “humanización” que va a levantar el arte como esa expresión pura, única y verdaderamente propia del ser humano.